La “Fiesta del Árbol” de Villanueva de la Sierra, pionera en el mundo entero

La “Fiesta del Árbol” de Villanueva de la Sierra, pionera en el mundo entero

Crónica de una recreación histórica

Hace algunos meses el Alcalde de Villanueva de la Sierra, D. Felipe Saúl Calvo, me hacía partícipe de la ilusión que le hacía celebrar de una manera digna y diferente la 214 edición de la “Fiesta del Árbol” de su pueblo, especialmente ahora que había sido reconocida como Bien de Interés Cultural. Me contaba que tenía en mente hacer una recreación histórica de los hechos acaecidos en 1805; sin embargo, a pesar de que algunas personas le habían manifestado su colaboración en este sentido, la fecha del 26 de febrero se acercaba y el proyecto en
cuestión no se ponía en marcha.

El que escribe estas líneas, amante empedernido de la imagen y también fiel entusiasta por los estilos literarios, que a la sazón acababa de recibir el título de enfermo mental por haber recogido de un contenedor de reciclaje varios centenares de libros procedentes de la biblioteca municipal de mi pueblo, se puso a pensar en el asunto.

El verano pasado todos fuimos testigos de cómo un rayo provocó un incendio en la sierra de Dios Padre, a cuya falda se extiende Villanueva de la Sierra, cuyas secuelas son visibles en la actualidad. Este incendio provocado por causas naturales, me sirvió como punto de partida para iniciar los trabajos de una posible recreación que se desarrollaría en tres escenas diferentes con la idea de reproducir lo más fielmente posible el impresionante acontecimiento ocurrido en nuestra comarca hace más de dos siglos.

Cuando el Sr. Alcalde de Villanueva escuchó mi primer relato sobre lo que tenía planificado, obtuve como respuesta una aceptación favorable por su parte comprometiéndose a informar al resto de la Corporación, como es lógico en estas situaciones. Días después recibí una carta suya con la aceptación definitiva y ni corto ni perezoso, piso el acelerador buceando en el torbellino de ideas que fluían por mi mente.

Una de las cosas que más me preocupaba, y al Sr. Alcalde de Villanueva le pasaba lo mismo, era que la recreación tenía que ser de un exquisito rigor histórico. De esta forma no tuve más remedio que introducirme en el túnel del tiempo y ver y leer todo lo que oliera a los primeros años del siglo XIX.

Poco a poco el texto iba cogiendo forma. Se añadían cosas, luego se cambiaban, otras veces se quitaban hasta que al final nació la criatura. Pero faltaba lo más importante: teníamos que presentarla en sociedad. Con tal fin, el Sr. Alcalde de Villanueva hace un llamamiento para que todos los vecinos que lo deseen acudan a una reunión en la Casa de Cultura. Y en efecto, allí fue presentada la criatura, la cual fue del agrado de los villanovenses asistentes y es el momento en el que la recreación inicia su andadura.

Tras la elección de los personajes, vinieron los ensayos.

En honor a la verdad, injusto sería no reconocer públicamente que me encontraba gratamente satisfecho e ilusionado. Pero también y en honor a la verdad, aunque sea reiterativo, mi ilusión no se podía comparar con la que tenían el grupo de personas que formaban los actores y compañeros maestros jubilados, Julita y Generoso, que eran los encargados de controlar el timón del barco de nuestras ilusiones para que llegara a buen puerto.

En mi época docente había hecho obras de teatro con mis alumnos, hijos de emigrantes españoles en Inglaterra, que me colmaron de satisfacción. Pero la experiencia vivida en Villanueva de la Sierra lo ha superado con creces. Ver, día tras día, sus ganas por hacer las cosas cada vez mejor, su afán de superación, eran el mejor antídoto para sortear las curvas del Árrago en mi ir a Villanueva y volver a mi querida Gata tras los ensayos.

Mientras todo esto ocurría la Asociación de Mujeres de la localidad estaba trabajando en la confección de los trajes de época, en la ciudad de León la Sra. Adelaida nos estaba haciendo el sombrero para D. Ramón, el villanovense Moriano la estructura metálica del escenario y el artista Luis Quijada, de Montehermoso, pintaba los decorados, todo ello en perfecta sincronización y bajo la tutela y dirección del Sr. Alcalde y de Cristina, su concejala de Cultura.

Y llegó “el día D”: el 26 de febrero de 2018, arropado de fresca temperatura y soleado al mismo tiempo. La plaza de Villanueva se transformó en un escenario por donde deambulaban un gran número de personas de todas las edades ataviadas con trajes de época. Allí estaba el concejal Pablo, que casi parecía un general, controlando la situación, al igual que Anselmo, compañero también de Corporación que se encargó de acercar a los tamborileros hasta el lugar. La música de sus flautas, el sonar del tamboril y el susurro del agua de la fuente colmaron la escena con un auténtico sabor extremeño donde cada cual se movía como pez en el agua.

A medida que se ultimaban los escenarios y el sistema de megafonía, los actores comenzaron a agruparse. Sus semblantes parecían serenos pero de vez en cuando se les notaba una chispa de nerviosismo, cosa normal en tales circunstancias y difícil de ocultar bajo el sombrero de teja que portaba Eusebio, o los vistosos trajes de Eva, Montaña, Víctor y Generoso. A Florián, Sabina, Antonio, Rufino, Amalio y a Antonia les pasaba lo mismo. Los niños del grupo, Lucía y Víctor, junto con los monaguillos Álvaro y Aitor, eran los más tranquilos. Y esa misma tranquilidad era también palpable en Rebeca, Álvaro, Trinidad y en Pascasio en sus papeles de mozos, público y sacristán respectivamente. Pío lo intentaba disimular bailando jotas al son del tamboril pero la procesión la llevaba por dentro.

Cuando Pilar arranca con su preámbulo explicando la situación de la España de 1805 la plaza enmudece y comienza la actuación.

No seré yo quien ponga adjetivos a su actuación. Simplemente diré que tod@s tienen un Oscar por su Buen Hacer.

Finalmente y con esto termino, no puedo por menos que agradecerles su esfuerzo y trabajo. Aunque la obrita en cuestión hubiera sido escrita por Lope de Vega, por ejemplo, sin su colaboración, la de todos, el barco de nuestras ilusiones habría zozobrado.

Afortunadamente no ha sido así y ello se debe al pueblo de Villanueva de la Sierra.

¡Viva la “Fiesta del Árbol!

Angel Hernández