LA PODA DE ÁRBOLES ORNAMENTALES EN SIERRA DE GATA

LA PODA DE ÁRBOLES ORNAMENTALES EN SIERRA DE GATA

La comarca de Sierra de Gata, debido a las especiales condiciones climatológicas de las que goza, se ha convertido con el tiempo, en un paraíso natural, que, aunque amenazado por los incendios, mantiene su encanto y singularidad con el paso de los años.

En la Sierra de Gata, predomina el ecosistema del robledal, protagonizado por el Roble Melojo, que forma bosques frondosos o en forma de dehesa. Un vergel, donde conviven numerosas especies autóctonas y endemismos botánicos, con otras especies vegetales, traídas de otras tierras, que enriquecen la flora de la comarca y multiplican las posibilidades de cultivo para el hombre.

Este jardín natural, debe tener continuidad en los cascos urbanos de nuestros pueblos, así como enriquecerse, con las especies ornamentales que nos permiten convivir e integrarnos con la naturaleza que nos circunda.  Esa convivencia, nos aporta muchos beneficios, sin embargo, debido al problema de la poda de árboles ornamentales mal realizada, estos beneficios disminuyen o desaparecen en muchos casos.

 Para empezar, partamos de una premisa: “El árbol, no es mobiliario urbano” y por tanto, no debe ser tratado como tal. Se trata, claramente, de un ser vivo, que como tal, crece, respira y se reproduce. Necesita realizar su ciclo vital y completarlo, para lucir sano y espléndido.  Es ahí, donde está el problema, porque en casi todos los pueblos de la Sierra de Gata, se ha generalizado la costumbre de podar de forma inadecuada y agresiva a los árboles ornamentales urbanos.

Sea por una mala planificación a la hora de plantar especies demasiado grandes, como el plátano de sombra, cerca de las viviendas, o bien, por falta de formación en poda de árboles ornamentales del personal, en muchos casos eventual, de los pueblos de Sierra de Gata, el caso es que, cada año, se machacan sistemáticamente los árboles que conviven con nosotros, de forma desmesurada, llegando a mutilaciones extremas.

Esta situación, se agrava, podando fuera de temporada, con la costumbre de eliminar las ramas, aún con las hojas verdes, en la época estival, cuando el árbol  se encuentra en plena actividad, debido a las altas temperaturas y aún no ha finalizado su ciclo vital. Un ciclo vital, que debe completar, para retraer todos los nutrientes de sus hojas, antes de dejarlas caer con el otoño y las bajas temperaturas, que marcarán su letargo invernal, la época más adecuada para la poda.

Al eliminar la parte más importante del árbol, es decir, sus ramas y follaje, transformamos a un ejemplar sano y bien formado, que con el tiempo, podría convertirse en un árbol singular para disfrute de nuestros hijos, en un ejemplar enfermo, decadente e invadido por infecciones, debido a las heridas provocadas por una poda desproporcionada y realizada a destiempo.

Todo ello, nos impide disfrutar de los beneficios que aportan las arboledas urbanas, que además de oxígeno y frescura, nos protegen del cambio climático, atenuando el efecto “Isla de calor” en nuestros pueblos, absorbiendo la polución, abrigándonos en invierno y refrescándonos en verano.

Desde nuestra asociación “Somos Sierra de Gata”, venimos trabajando hace tiempo, en la solución de este problema generalizado, elaborando un “Decálogo de la poda de árboles ornamentales”, que distribuimos por algunos ayuntamientos, que sería interesante comenzar a aplicar, sobretodo, para eliminar del paisaje urbano, escenas decadentes como las de las fotografías.

La poda de los árboles ornamentales, debe ser mínima, la imprescindible para apoyar el desarrollo del árbol de forma natural, ya que, este desarrollo natural, es el que proporciona más beneficios, para el árbol y para las personas que conviven con él.

En primer lugar, un árbol de copa natural, sin intervención humana, es más seguro, sus ramas se han formado sobre una estructura fuerte y resistente, el hombre sólo debe intervenir, para eliminar ramas muertas o bien alguna que pueda cruzarse con otras y con el tiempo haya que eliminar, debemos adelantarnos y cortarlas cuando su diámetro, aún es pequeño, para provocar al árbol en menor número de heridas y lo más pequeñas posibles, para que pueda sanarlas de forma natural.

Si queremos que tome una forma determinada, de igual forma, lo iremos guiando desde el principio, eliminando las ramas, cuando aún son pequeñas y no producirán grandes heridas. Cuando eliminamos una rama, de más de 10-12 centímetros de diámetro, normalmente, el árbol no podrá cicatrizarla correctamente y provocará la llamada de numerosos enemigos del árbol, insectos, infecciones por hongos, etc…

Existe la creencia generalizada, de que un árbol grande y sin intervención, es más peligroso y caro de mantener, cuando en realidad, sucede justamente lo contrario. Para demostrarlo, hemos puesto varias fotografías de la localidad de Moraleja, donde se intervino una arboleda de plátanos de sombra, cuya estructura casi natural, con intervenciones mínimas y bien planificadas hasta entonces, había configurado una maravillosa arboleda en medio del núcleo urbano, que además de absorber la polución y suministrar oxígeno, daba refugio y frescor a los habitantes del pueblo. Sin embargo, tras una intervención agresiva y fuera de lugar, la arboleda, antaño segura y sostenible, se ha convertido en un cementerio de árboles. Árboles que podrían haber vivido varios siglos, para el disfrute de varias generaciones, hoy agonizan con sus troncos llenos de infecciones y podredumbre, debido a la poda de ramas enormes, ya formadas, que ocasionaron graves heridas, por donde se ha introducido la podredumbre de todo el tronco, poniendo en grave peligro la estructura y seguridad de los árboles.

Cuando se realizan estas intervenciones agresivas y a destiempo, la estructura segura y bien formada del árbol, que prácticamente, no precisa de mantenimiento, se convierte en un amasijo de chupones, ramas que crecen en desorden alrededor de la herida, que habrá que intervenir a partir de entonces, año tras año, puesto que esas ramas, ya no tienen una estructura fuerte y pueden romperse fácilmente con el viento. A partir de entonces, deberemos podar año tras año, aumentando el coste en mano de obra, además de haber acortado de forma significativa, la vida del árbol y los beneficios que nos proporciona.

La recomendación es, que si se trata de una arboleda mal planificada, con árboles de gran desarrollo, que ponen en peligro viviendas e infraestructuras, debemos estudiar cada caso, de forma individual, intentando formar líneas de árboles, aunque sean discontinuas, donde no haya viviendas que interrumpan su crecimiento, pero eliminar los ejemplares que no podrán desarrollarse plenamente, antes de mantenerlos de forma desnaturalizada mediante podas agresivas. Estos árboles, es mejor sustituirlos por nuevas plantaciones, adecuadas al lugar donde se ubican y sostenibles en el tiempo.

Las especies más grandes y longevas, debemos plantarlas en parajes despejados, donde puedan desarrollarse en todo su esplendor, formando grandes arboledas y vivir muchos años. En los espacios periurbanos, pueden constituirse bosques singulares, frondosas barreras contra los incendios, espacios de ocio y disfrute, de transición con la naturaleza circundante. Un patrimonio natural y paisajístico, que además de mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos, con el paso del tiempo, se pueda convertir en un recurso turístico de interés y en la mejor herencia para nuestros hijos.

Existen especies como las camelias, los naranjos o los madroños, de menor crecimiento, más adecuadas para plantar cerca de las viviendas, sobre los acerados, siempre planificando bien su plantación, a una distancia prudencial, con un buen sustrato y profundidad, para asegurar su sostenibilidad y la convivencia con los vecinos.

A través del programa “Diputación Desarrolla”, la asociación “Somos Sierra de Gata”, ha presentado un proyecto, que de aprobarse, podría dar solución a este problema, mediante el asesoramiento y la formación de los encargados de dirigir las labores de mantenimiento y poda de los árboles ornamentales en la Sierra de Gata.

 

José Manuel Robledo Vinagre

Ex jardinero-guía del Jardín Botánico de Coria.