CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EL AFICIONADO A LAS SETAS

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EL AFICIONADO A LAS SETAS

La afición a la búsqueda y conocimiento de las setas aumenta sin cesar.  Como quiera que el hábitat de la mayoría de las setas, se halla en bosques, en las sierras y praderas, allí es donde los aficionados han de dirigir sus pasos.

La experiencia y la veteranía de los buenos aficionados, nos brinda la oportunidad de captar sus enseñanzas.  Sigamos sus pasos.

Una cesta de mimbre o castaño para colgar del brazo, una navaja de hoja larga, fuerte y de buen filo, y una cachava ligera, son los elementos convenientes, algunos indispensables, cuando se sale de excursión en busca de setas.

La cesta es el medio más adecuado para el transporte de setas. Se conservan mejor a lo largo de la jornada, lo cual, puede comprobar cualquier setero al hacer balance de la cosecha.  Por una mal entendida comodidad, seteros poco finos, suelen servirse de bolsas de plástico, cosa que desapruebo radicalmente. Es una pena comprobar cómo salen de estas bolsas las setas al final del recorrido, sobre todo, si se trata de especies frágiles que requieren un trato delicado.

Recomendamos una navaja larga, fuerte y de afilada hoja, porque así lo requiere la recogida de ciertas setas, que han de ser extraídas con todo su pie, para ser debidamente clasificadas.  El buen filo se necesita para recolectar las especies bien conocidas, seccionando el pie de las setas y dejando su base unida al micelio, sin desgarros, podrá seguir viviendo y produciendo nuevas cosechas.

El cayado que antes citábamos, es un elemento útil, que nos facilita el rebusco entre la vegetación del setal.  También nos va a resultar práctico el bastón, en aquellos parajes de ramas, espinosas o no, que se interponen en nuestro camino.  La cachava las apartará cómodamente y sin molestias.

Antes de meter en la cesta cada seta comestible, es muy importante comprobar que corresponde a la especie conocida; y digo esto, porque pueden mezclarse con otras parecidas, con la apariencia de pertenecer al mismo setal.

Además, hay que limpiar las setas cuidadosamente y echarlas a la cesta sin tierra, sin yerbajos, y sin bichos; tres enemigos de la seta en el transporte.

Es aconsejable dejar donde se encuentren los ejemplares con síntomas de vejez, o que estén agusanados; en la cesta no harán más que daño y al llegar a casa, acabarán en el cubo de la basura.  En cambio, dejándolas donde las encontramos continuarán desprendiendo las esporas reproductoras sobre el terreno y la especie se perpetuará.

A los buenos seteros, les permite su veteranía salir de casa con la seguridad de no volver con la cesta vacía. Es que, el buen aficionado, recuerda paso a paso, los lugares de su recorrido por largo que sea; sabe de memoria, setales de distintas especies, y los lugares apropiados donde encontrarlos; deduce con aproximación y de acuerdo con las lluvias y la temperatura, el momento óptimo para el éxito de la recolección.

La prudencia ha de persistir con fuerza en el aficionado.  Cuando uno es consultado sobre la comestibilidad de las setas recogidas al azar, hay que examinar una por una, todas ellas, para evitar el riesgo de una posible mezcla.  Conviene advertir que la responsabilidad del diagnóstico sólo se contrae con el análisis de las setas que se ven y examinan, no sobre las que habiéndolas tenido por buenas, hayan sido ya consumidas sin consulta previa.

He aquí la regla de oro de un buen setero: “En caso de la menor duda, abstenerse de comer la seta”. Hay que examinar uno por uno, todos los ejemplares y tener sobre su comestibilidad una seguridad del cien por cien.

 

Fernando Chico Lozano.